El enfado arrastra cierta mala fama por su asociación
directa con la ira.
Aunque ira y enfado suelen considerarse sinónimos, no son
lo mismo. El enfado,
como emoción básica, neutra y adaptativa, podemos considerarlo una forma de
expresarnos. En cambio, la ira, como carga emocional del enfado, además de por
su intensidad, puede distinguirse del enfado porque nos hace perder la
capacidad para comunicarnos adecuadamente.

Debido, en parte, a esta relación entre emoción y carga
emocional, existen ciertas afirmaciones respecto al enfado, que pueden alejarnos de su verdadera
intención, provocando que nos confundamos a la hora de interpretar y validar el
mensaje que realmente nos quiere aportar.
Estas son algunas afirmaciones que te pueden estar desviando de la
verdadera intención y propósito del enfado, provocando además que lo rechaces y
lo consideres una emoción negativa.
En las próximas líneas se desvelan 11 premisas erróneas sobre el enfado:
Cuanto más viejos, más gruñones
Pues habrá gente sí, por supuesto, pero si vamos recogiendo la experiencia
que nos aporta la vida y le damos sentido, solemos aprender aquello de
"por esto no vale la pena enfadarse" y tendemos a relativizar, dando
paso a los cabreos solamente en casos absolutamente excepcionales.
Los hombres se enfadan más que las mujeres
Las emociones son humanas y todas las experimentamos, indistintamente.
El enfado es personal y cada persona tiene sus propios motivos para que
esta emoción aparezca, además de que cada cual dispondrá de ciertas habilidades
para gestionar esta emoción, experimentarla y expresarla de una forma más o
menos intensa, más o menos adecuada y más o menos asertiva, independientemente
del género.
El enfado hay que sacarlo para que no nos dañe
El enfado necesita expresarse, sí, y también necesita ser comprendido, pero
el primer trabajo depende de uno mismo. Escuchar, validar y gestionar esta
emoción para que salga y se exprese con cierta forma y sentido, evitando decir
cosas de las que luego nos podemos llegar a arrepentir o estar dándole vueltas
a un asunto sin sentido alguno, es el primer paso.
Enfadarse no está bien, no sirve
para nada
Enfadarse es absolutamente necesario y enfadarse está bien, porque se trata
de una emoción necesaria y adaptativa. Es una forma de comunicarnos y compartir
nuestras preferencias y gustos, para dialogar y llegar a acuerdos, además de
que nos aporta información sobre nuestros propios límites y nos anima a que los
hagamos respetar, a la vez que respetamos a los demás.
El enfado es un gran aliado para seguir adelante cuando
sentimos miedo y nos motiva a luchar por aquello que consideramos que es
importante.
Las personas que se enfadan
son malas
Habrá de todo, pero hay mucha gente buena que se enfada. Enfadarse y
cabrearse no significa ser mala persona. El enfado puede ser muy desafortunado
cuando se trata, por ejemplo, de un perfil de persona perfeccionista y
exigente, ya que la frustración es casi constante y esta da paso a enfados
recurrentes y que aparecen por casi cualquier motivo. Pero ser perfeccionista,
frustrarse y enfadarse mal, no significa que seas mala persona. Significa que
no lo sabes hacer de otra manera.
Aunque las formas nos despisten, detrás del enfado, muchas veces, hay más
buena intención que mala.
La buena noticia es que se puede aprender a enfadarse "bien".
La gente es la que provoca mis enfados
Cuántas personas aseguran que "el enfado es culpa de los demás" y
que "la gente no para de hacer cosas que me sacan de quicio" o
"si me hicieran caso, no me enfadaría" y también pueden pensar que
"enfadarse es la única manera de que me hagan caso o de que otras personas
cambien".
Salvo excepciones, son nuestros propios pensamientos, la reinterpretación
que hacemos sobre lo que sucede y la capacidad de gestión que tenemos, lo que
realmente nos enfada.
No está bien enfadarse con uno mismo
Enfadarse con uno mismo puede ser un buen plan y muy revelador en el
sentido de que nos puede impulsar y motivar para llevar a cabo cambios y
superar heridas del pasado. Es importante recordar que el enfado nos ofrece
información sobre la distancia que se da entre lo que habíamos imaginado y lo
que realmente está siendo. Esta información puede ser útil, si se hace
consciente y se gestiona adecuadamente para, tal vez, hacer algo que dependa de
nosotros y lograr reducir esa distancia y aproximarnos a lo que deseamos.
Si no hago caso al enfado, desaparece
Mirar para otro lado y hacer como si nada, respirando o contando hasta un
millón, no resuelve el enfado. Que son prácticas que ayudan, sí, pero el enfado
necesita expresarse y ser comprendido y volverá a aparecer cuando menos lo
esperemos y por el mismo motivo, hasta que lo resolvamos.
Es importante aprovechar esos momentos de calma, para reducir la intensidad
de nuestra emoción y ser capaces de descifrar esos pensamientos para poder hacer
algo con ellos.
El enfado es una emoción que nos aleja
Un enfado mal gestionado que se convierte en cabreo y que incluye cuatro
palabras malsonantes y algún que otro grito, efectivamente, aleja.
Pero eso no es enfado, eso es cabreo o ira. Lo que menos quiere
el enfado es que no le prestemos atención y perder la oportunidad de
expresarse.
El enfado va más de sentir curiosidad y querer aproximarse para comprender
y sentirse comprendido. Va más de querer ver lo diferente que es otra persona
respecto a uno mismo y hacer lo posible por comprender y lograr una
aproximación para salvar esa distancia que nos separa.
Y si no logramos acercarnos, al menos, el enfado nos anima a comprendernos.
El enfado, al igual que la alegría, busca aproximación, entendimiento y
consenso.
El enfado es una emoción negativa
Las emociones no son ni positivas ni negativas. Las emociones son neutras.
Son los pensamientos que acompañan a la emoción, lo que produce que nos
resulten más o menos desagradables.
Además, es importante estar atentos a esos pensamientos para evitar que se
puedan convertir en un sentimiento más o menos desagradable, que estará con
nosotros durante más tiempo, pudiendo llegar a quedarse con nosotros sin darnos
cuenta, como si fuera una música de ascensor, que dejamos casi de oír.
Yo no me enfado nunca
Todo el mundo se enfada en alguna ocasión. Otra cosa será que seamos más o
menos conscientes y capaces de reconocer esta emoción, identificando y dando
sentido a la información que nos aporta, en este caso, el enfado.
Expresar nuestro enfado nos permite adaptarnos a nuestro entorno,
expresarnos desde lo que realmente queremos y hacernos respetar. Si no
compartimos nuestro enfado con los demás, de manera asertiva y respetuosa,
estaremos dejando pasar una oportunidad para aportar nuestro punto de vista a los
demás y permitir que otras personas nos conozcan.
TAG: TOMÁS REYES MOYA, tomasreyesmoya, despacholegalreyesyasociados, abogadoredactorvenezolano, labibliadiaria.



0 Comentarios
Tú opinión es importante.
Manifiéstala aquí, por favor.
Gracias.